jueves, 21 de mayo de 2009

EL SUEÑO DE VANIA


Las pupilas se me empequeñecían, los ojos me parpadeaban, no sentía las manos y los pies se me adormecieron, estaba agotada. Al dar un bostezo me metí en la cama, cerré los ojos y me introduje en mi propio sueño. Veía a Jess Hurt, se miró al espejo, se tocó el pelo y cayó una lágrima al suelo. Suspiró. Al cabo de cinco minutos empezó a llorar desesperadamente. Le dije que le pasaba, porque lloraba, pero no me respondía, le di un beso en la mejilla, pero yo era como invisible, la traspasé, me di cuenta que era un fantasma, no podía oírme.
Ella cogió un libro, creo que era su diario, empezó a escribir hasta que con la punta del bolígrafo se pinchó en el dedo gordo, cayó una gota de sangre. Jess se quedó mirando la sangre un buen rato. Se levantó. Cerró su diario con llave y lo puso debajo de la cama. Se quitó la ropa ya que hacía mucho calor, se puso un camisón blanco muy fino. Fue a la cocina y cogió una manzana y un cuchillo. Empezó a cortar la manzana muy lentamente. Se le cayó. Se quedó mirando el cuchillo y se lo puso en la muñeca, después de diez minutos cogió la manzana con la otra mano. Yo me giré un momento, porque sentía un ruido en las escaleras. Cuando me volví a girar, Jess cogió la manzana y le dio un porrazo al cuchillo. Me quedé paralizada, ella cayó directamente al suelo, de su muñeca salía mucha sangre roja, cada vez salía más, una gran mancha se creó en la alfombra, de golpe yo empecé a sudar, a sentir mucho calor. Abrí los ojos y estaba en mi habitación. Me sentí culpable de su muerte por un instante, no la pude detener, porque era una simple sombra…

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